La biomasa como fuente renovable de energía para el medio rural. BIOMAS-Cuba. Fase III

La mejor aliada de los productores

En 1962, cuando el país apenas iniciaba el recorrido de un largo camino, Fidel pensó en el provecho de fundar la Estación de Pastos y Forrajes Indio Hatuey, el primer centro de investigación de la rama agropecuaria creado por la naciente Revolución

 

PERICO.—En 1962, cuando el país apenas iniciaba el recorrido de un largo camino, Fidel pensó en el provecho de fundar la Estación de Pastos y Forrajes Indio Hatuey, el primer centro de investigación de la rama agropecuaria creado por la naciente Revolución.

Se daba perfecta cuenta de la necesidad de apostar por la ciencia en pos del desarrollo de la agricultora y en particular de la ganadería, doctrina imprescindible para emprender el sendero hacia la soberanía alimentaria.  Diría luego muchas veces, y en diversas ocasiones, que el futuro del país debía ser necesariamente de hombres de ciencia y de pensamiento.

El técnico Carlos Arturo Gómez García, fundador del centro, todavía recuerda las visitas de Fidel en los tiempos en que se daban los primeros pasos, señal de su constante preocupación por el progreso de la Estación.

«Vino en varias ocasiones, siempre muy preocupado, sobre todo por el tema de los pastos y forrajes. A veces lo hacía de madrugada y con las luces de los automóviles revisaba las parcelas experimentales sembradas de diferentes variedades y chequeaba la salud de los animales en el toril».

NUEVO CONCEPTO DE PASTIZAL

A la salida del batey del antiguo ingenio España Republicana, en un entorno algo desolado del municipio de Perico, se distingue desde lejos la Estación. La bruma permanente de los arbustos que se alzan a ambos lados del camino parece saludar a los visitantes.

Aunque no se ha apartado nunca de su principio fundamental, la historia de la Indio Hatuey está marcada por dos momentos básicamente. Esa es la opinión del Doctor Giraldo Jesús Martín Martín, quien dirige el centro desde hace dos décadas; un investigador con una sólida preparación que se regocija de ser hijo de campesinos y de llevar a la tierra en sus genes.

«Desde su creación hasta 1990 la institución estuvo dedicada por entero a la búsqueda de nuevas variedades de pastos y forrajes y sistemas de alimentación animal, sin descartar las semillas. Estudiamos más de 5 000 especies de pastos, sobre todo variedades diferentes de gramíneas, de leguminosas y de especies herbáceas y arbóreas para llegar a un nuevo concepto de pastizal denominado Sistema Silvopastoril.

«Fue el boom de la ganadería en Cuba, creo que en esa época el país se sembró cuatro o cinco veces de pastos nuevos. Es verdad que el alimento no era solo pastos, también se suplementaba con concentrado importado. Pero entonces existía un sistema de atención a los pastos y forrajes que luego se perdió y no ha podido recuperarse.

«Y no tiene que ser como era antes, pero lo cierto es que debe retomarse el trabajo pues de lo contrario nunca vamos a tener ganadería en el país».

Explicó que tras el desplome del campo socialista, que alcanzó también a la ganadería, la Indio Hatuey empezó a regir como un centro de investigación más vinculado al sector productivo en el espacio del municipio, o sea, a ayudar a los gobiernos locales a trazar su estrategia de desarrollo agropecuario, con vínculos estrechos con las empresas y sector cooperativo y campesino de ese territorio.

«De ahí surge el proyecto integral de desarrollo Martí-Perico, territorios donde han multiplicado la producción de alimentos en los últimos cinco años debido a una mejor organización del proceso, el apoyo de la Agricultura y la contribución de proyectos de colaboración internacional.

«Un ejemplo concreto es el centro porcino Frank País, del municipio de Martí, el cual fue totalmente recuperado: trata sus residuales con un digestor de laguna tapada, produce energía y abono orgánico (el primero del país en hacerlo), además de mostrar indicadores productivos de excelencia.

«En Perico han montado dos minindustrias en su polo de desarrollo, el cual ya dispone de varias máquinas de pivote central para la producción de alimentos».

Reconoce Giraldo Martín que la institución cuenta hoy de 40 hectáreas dedicadas al cultivo de césped. «Eso nos permite suministrar césped a varias obras del turismo, atender integralmente la jardinería de varios hoteles en Varadero y beneficiar algunos estadios de béisbol. Gracias a ello ingresamos todos los años más de medio millón de CUC».

La institución ha incursionado también con buenos resultados en la crianza del gusano de seda, útil para la elaboración de tejidos, artesanía  y en productos utilizados en la cosmética y la medicina.

Para los productores, la Indio Hatuey es la mejor aliada en sus ansias de prosperar. Así lo reconocen los finqueros Rubén Soto Valdés, de la cooperativa de créditos y servicios (CCS) Giraldo Díaz, en Pedro Betancourt, y Luis Alberto Rodríguez, de la CCS Camilo Cienfuegos, en el municipio de Martí.

Ambos admiten los beneficios tras la aplicación en sus tierras de resultados de investigación. Al principio yo tenía mis dudas y acepté a regañadientes, pero en estos años vinculados a la Indio Hatuey he visto crecer la producción y los rendimientos, reconoce Alberto Rodríguez.

Investigadores como Jesús Manuel Iglesias e Iván Lenin Montejo consideran que además de masificar los buenos ejemplos de productores, se precisa de un sistema mejor organizado desde la Agricultura para extender los resultados y hacer más dinámico el proceso de transferencia de tecnología de la Estación a la base productiva.

Aunque es difícil de comprender,  todavía hay resultados investigativos engavetados, sin llevar a la práctica, acentúa Ana Mercedes Vega, especialista y profesora de la provincia de Granma.  Y eso no puede seguir ocurriendo, dice.

SEGURIDAD ALIMENTARIA Y ENERGÉTICA

Muchos campesinos aprovechan el biogás para la cocción de los alimentos. Fotos: Ayelín Torres

En los últimos tiempos el trabajo de investigación ha estado signado por la producción integrada de alimentos y energía.

Comenta el Doctor Giraldo que así surge el proyecto Biomás Cuba, el cual ha incursionado en tres temas fundamentales: desarrollo y construcción de biodigestores para la producción de biogás y abonos orgánicos; validación de tecnologías de producción de biodiésel a partir de oleaginosas no comestibles, y el uso de los residuales de los sistemas silvopastoriles para producir energía eléctrica en gasificadores de biomasa.

«Hoy tenemos alrededor de 200 biodigestores en diferentes provincias, montamos la primera laguna tapada de más de 2 000 metros cúbicos, y contamos con dos gasificadores de biomasa instalados y otros dos en proceso de montaje para secar arroz sin utilizar energía convencional.  La Indio Hatuey no descuida los pastos y forrajes y al propio tiempo convierte los residuales de la agricultura en energía para el medio rural.

«O sea, tenemos a la agroecología como base y ciencia del desarrollo sustentable y en amparo de todas las investigaciones que se articulan en proyectos locales. No es una solución de hoy para mañana, pero sería muy iluso pensar en lograr algo diferente haciendo lo mismo».

Para defender esa filosofía la Estación cuenta con un colectivo altamente calificado, que lo integran 38 másters en Ciencias y 22 doctores en especialidades vinculadas al desarrollo agropecuario.

Al hacer el balance de estos 55 años, Giraldo reconoce la reputación conquistada por la institución y no alberga la menor duda de que se puede ir más lejos.

Se inspira en aquellas palabras de Fidel cuando dijo que ciencia y técnica, más allá de las dificultades, significa preparar al país para vivir de su inteligencia y de su sudor.

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