La biomasa como fuente renovable de energía para el medio rural. BIOMAS-Cuba. Fase III

Generales

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Durante la última década se han producido tanto una tendencia creciente en el precio del petróleo como significativos cambios climáticos y ecológicos a escala regional y global. Dichos cambios también han incidido en Cuba, sobre todo en la región centro-oriental, entre los que destaca una sequía crónica, que en algunas áreas ha provocado una desertificación y una notable disminución de la capacidad productiva de los suelos.

 

Esta situación se atribuye a dos factores fundamentales: 1) el resultado acumulativo del uso irracional de los recursos naturales, y 2) la inestable situación geopolítica y de crisis económica en el planeta generada por el Gobierno norteamericano y los cambios climáticos globales. En el caso de Cuba, esta situación, después del derrumbe del Socialismo en el este de Europa que dio inicio a la crisis de los 1990’s y afectó severamente la Economía Cubana y, en especial, a la población, se ha agudizado con el arreciamiento del bloqueo que, por más de 40 años, EEUU ha mantenido contra Cuba.

Uno de los principales impactos de esta crisis en Cuba fue el recorte de más de dos tercios de las disponibilidades de energía primaria y recursos materiales (Lage, 1992), lo que incidió negativamente en los programas agrícolas en desarrollo, concebidos sobre la base de consumo intensivo de energía y con alto nivel de mecanización. La falta de energía y recursos materiales, unido al avance de la sequía, propició el abandono de una gran parte de las tierras preparadas para la agricultura y la ganadería por no existir los recursos para su explotación o no ser rentable. Muchas de estas tierras fueron invadidas por malezas agresivas, como el marabú y la aroma, otras sufrieron pérdidas de su potencial por problemas de salinización y anegación, o sobreexplotación del suelo. El resultado: una notable reducción de la producción de alimentos.

Lo anteriormente descrito tuvo una influencia directa sobre la forma de vida de los pobladores de las comunidades rurales creadas para trabajar en las empresas agrícolas y forestales. El cierre de algunas de éstas, o la reducción de sus actividades al mínimo, provocó la disminución de las opciones de empleo, pero también la escasez de recursos y productos de consumo, que anteriormente eran traídos de las capitales de provincia. Algunas familias emigraron a los centros urbanos, mientras que otras comenzaron una economía de subsistencia en las zonas rurales, trabajando la tierra en autoconsumo, y en algunos empleos locales. La falta de productos locales deprimió los mercados comunitarios, lo que tuvo una repercusión directa sobre la calidad de vida de sus pobladores.

Entre los productos de mayor escasez estaba el principal combustible doméstico usado, el keroseno. Para sustituirlo, muchas familias y empresas locales acudieron a la leña, lo que contribuyó a reforzar el problema de la deforestación.

En este sentido, por una parte, Cuba ha desplegado una Estrategia Nacional Ambiental, elaborada desde la Cumbre de Río de Janeiro, en 1992; y por otra, tomando como antecedente la labor realizada por la entonces Comisión Nacional de Energía (décadas de los ochenta y noventa), ha declarado, a partir del 2005, una Revolución Energética, la cual persigue la transformación y modernización del Sistema Electroenergético Nacional mediante el cambio de tecnologías, el incremento de la disponibilidad eléctrica, el empleo de equipamiento más eficiente, la rehabilitación de las redes de distribución, el aumento del ahorro de energía en el sector estatal y privado, el cambio de equipos electrodomésticos gastadores por otros más eficientes y un programa de investigación y desarrollo para la utilización de fuentes renovables de energía.